Aprende a construir una relación más sana contigo
Aprender a quererte no significa convertirte en otra persona. Significa empezar a relacionarte contigo de una manera más amable, consciente y respetuosa.
Tal vez te ha pasado.
Te miras al espejo y encuentras primero lo que no te gusta.
Te comparas con otras mujeres y sientes que ellas tienen algo que a ti te falta.
Aceptas cosas que te hacen daño porque tienes miedo de perder a alguien.
Te cuesta decir que no.
Te exiges muchísimo y, aun así, sientes que nunca es suficiente.
O quizás estás acostumbrada a cuidar a todos, escuchar a todos y estar para todos, pero cuando se trata de ti… siempre puedes esperar.
Si algo de esto te resulta familiar, no significa que no tengas amor propio.
Significa que quizás has aprendido a relacionarte contigo desde la exigencia, la comparación o la necesidad de aprobación.
Y eso puede cambiar.

¿Qué es realmente el amor propio?
El amor propio es la relación que construyes contigo.
Es la capacidad de reconocerte como una persona valiosa, incluso cuando estás atravesando un momento difícil, cometes errores o no te sientes en tu mejor versión.
No significa pensar:
Soy perfecta.
Significa poder decir:
No soy perfecta, pero sigo mereciendo respeto, cuidado y amor.
El amor propio también se refleja en decisiones cotidianas:
- Escuchar lo que necesitas.
- Respetar tus límites.
- Descansar cuando estás cansada.
- Alejarte de aquello que constantemente te hace daño.
- Hablarte con más compasión.
- Reconocer tus logros.
- Pedir ayuda cuando la necesitas.
- Dejar de compararte constantemente.
- Elegirte incluso cuando alguien más no te elige.
Por eso, el amor propio no es solamente un sentimiento.
Es una práctica.
Y se construye con pequeñas decisiones repetidas.

Amor propio no significa sentirte bien contigo todo el tiempo
Esta es una de las ideas más importantes.
Puedes tener amor propio y sentirte insegura.
Puedes quererte y tener un día en el que no te guste tu cuerpo.
Puedes valorarte y aun así sentir miedo.
Puedes tener límites y equivocarte.
Puedes estar orgullosa de ti y, al mismo tiempo, estar atravesando una etapa en la que no sabes qué quieres hacer con tu vida.
El amor propio no elimina las emociones incómodas.
Lo que cambia es la manera en la que te acompañas cuando aparecen.
Por ejemplo:
En lugar de:
Soy un desastre. Nunca hago nada bien.
Puedes comenzar a decir:
Estoy pasando por un momento difícil. Puedo equivocarme y aun así aprender de esto.
Eso también es amor propio.

¿Cómo sabes si tu relación contigo necesita más cuidado?
A veces creemos que tenemos baja autoestima solamente cuando no nos gusta nuestro cuerpo.
Pero la relación contigo se manifiesta en muchos otros lugares.
Pregúntate:
¿Cómo me hablo cuando cometo un error?
¿Me trato con comprensión o inmediatamente me insulto y me juzgo?
¿Cuánto depende mi valor de la opinión de otras personas?
¿Necesito que alguien me confirme que soy bonita, interesante, suficiente o deseable para sentirme bien?
¿Me cuesta decir que no?
¿Acepto cosas que no quiero para evitar decepcionar a los demás?
¿Me comparo constantemente?
¿Las redes sociales terminan haciéndome sentir que mi vida, mi cuerpo o mis logros no son suficientes?
¿Me abandono para que otros estén bien?
¿Postergas constantemente tus necesidades para cuidar, ayudar o complacer a los demás?
¿Acepto menos de lo que necesito por miedo a quedarme sola?
Esta última pregunta puede ser especialmente incómoda.
Pero también puede abrir una puerta importante.

Amor propio y autoestima no son exactamente lo mismo
Aunque están relacionados, no son iguales.
La autoestima tiene que ver con la valoración que haces de ti misma y con la percepción que tienes sobre tus capacidades y características.
El amor propio va más allá.
Tiene que ver con cómo te tratas y cómo eliges relacionarte contigo.
Puedes pensar que eres inteligente, bonita o capaz y aun así tratarte con mucha dureza.
Por eso, cultivar amor propio implica trabajar no solamente en cómo te ves, sino también en cómo te cuidas, cómo te hablas y qué permites en tu vida.

¿Por qué puede ser tan difícil querernos?
● Porque nadie nace odiándose.
● Aprendemos muchas de nuestras ideas sobre nosotros mismos a través de nuestras experiencias.
● Comentarios que recibimos durante la infancia.
● Comparaciones.
● Críticas.
● Relaciones en las que sentimos que teníamos que ganarnos el amor.
● Experiencias de rechazo.
● Expectativas familiares o sociales.
● La presión por vernos de determinada manera.
● Y también aprendemos de lo que vemos.
Vivimos en una cultura que constantemente nos dice cómo deberíamos vernos, qué deberíamos conseguir, cómo deberíamos relacionarnos y hasta cuándo deberíamos haber alcanzado determinadas metas.
Con el tiempo podemos empezar a creer que nuestro valor depende de cumplir esas expectativas.
Pero tu valor no aumenta porque cumplas más expectativas ni disminuye porque estés atravesando una etapa difícil.

Entonces, ¿cómo puedo cultivar mi amor propio?
No necesitas cambiar toda tu vida de un día para otro.
Empieza pequeño.
1. Observa cómo te hablas
Durante un día presta atención a tu diálogo interno.
¿Cuántas veces te dices cosas que jamás le dirías a alguien que quieres?
Quizás:
● Soy tonta.
● Qué mal me veo.
● Nunca puedo hacer nada bien.
● Soy demasiado sensible.
● Siempre arruino todo.
Cuando aparezca una frase así, no necesitas obligarte a pensar positivamente.
Prueba algo más realista:
● Estoy aprendiendo.
● Esto no salió como esperaba, pero puedo aprender de ello.
● Hoy no me siento bien con mi cuerpo y eso no significa que mi cuerpo esté mal.
● Puedo equivocarme sin convertirme en mi propio enemigo.
La meta no es mentirte.
Es dejar de maltratarte.

Aprende a escucharte
Una pregunta sencilla puede cambiar mucho:
¿Qué necesito hoy?
● No qué necesita tu pareja.
● No qué necesita tu familia.
● No qué esperan de ti.
¿Qué necesitas tú?
● Quizás necesitas descansar.
● Salir a caminar.
● Estar sola.
● Hablar con alguien.
● Llorar.
● Comer.
● Mover tu cuerpo.
● Decir que no.
● Terminar algo que llevas postergando.
● O simplemente tener un momento sin hacer nada.
Escucharte es una forma de decirte:
Mi experiencia también importa.

Aprende a poner límites
El amor propio también se construye con límites.
Y poner límites no significa ser fría, egoísta o mala persona.
Significa reconocer hasta dónde puedes llegar y qué estás dispuesta a aceptar.
Puedes decir:
● No puedo hacerlo.
● No me siento cómoda con esto.
● Prefiero no hacerlo.
● Necesito tiempo para pensarlo.
● Esto no funciona para mí.
Y algo importante:
No necesitas justificar cada límite para que sea válido.
Algunas personas se molestarán cuando empieces a poner límites, especialmente si estaban acostumbradas a que siempre estuvieras disponible.
Eso no significa que estés haciendo algo incorrecto.

Deja de negociar constantemente contigo
A veces sabemos perfectamente lo que necesitamos, pero buscamos mil razones para ignorarlo.
Sabes que esa relación te está haciendo daño, pero piensas:
● Quizás cambie.
● Sabes que necesitas descansar, pero piensas:
- Primero tengo que terminar todo.
● Sabes que algo no te hace bien, pero piensas:
- No quiero quedar mal.
El amor propio también consiste en aprender a confiar en aquello que observas y sientes.
● No todo lo que deseas tienes que perseguir.
● No todo lo que amas tienes que conservar.
● Y no todo lo que pierdes es una pérdida.

Cuida tu cuerpo sin convertirlo en un proyecto que tienes que corregir
Cuidar tu cuerpo no debería ser un castigo por no cumplir determinado estándar.
● Puedes moverte porque disfrutas bailar.
● Puedes alimentarte bien porque quieres sentirte con energía.
● Puedes dormir porque tu cuerpo necesita descansar.
● Puedes arreglarte porque disfrutas hacerlo.
Y también puedes tener días en los que no tengas ganas de hacer nada de eso.
Tu cuerpo no tiene que ser perfecto para merecer cuidado.
No tienes que esperar a amar cada parte de tu cuerpo para empezar a tratarlo con respeto.
A veces el primer paso no es:
Me encanta mi cuerpo.
Puede ser simplemente:
Este es mi cuerpo y voy a aprender a cuidarlo.

Deja de compararte como si estuvieras compitiendo
La comparación suele mostrarte una parte de la historia de otra persona y utilizarla para juzgar toda tu vida.
● Ves su relación.
● Su cuerpo.
● Su trabajo.
● Su casa.
● Sus viajes.
● Sus logros.
Pero no ves sus inseguridades, sus problemas, sus pérdidas ni los momentos que no publica.
Además, cada persona está viviendo circunstancias diferentes.
Cuando notes que estás entrando en comparación, prueba preguntarte:
¿Qué puedo aprender de esto en lugar de utilizarlo para atacarme?
Puedes admirar a otra mujer sin convertirte en menos.
Su luz no apaga la tuya.

Reconoce tus pequeños logros
No esperes conseguir algo enorme para sentir orgullo de ti.
Reconoce también:
● Hoy hice algo que me daba miedo.
● Hoy puse un límite.
● Hoy descansé sin sentir culpa.
● Hoy fui a terapia.
● Hoy pedí ayuda.
● Hoy terminé algo que llevaba tiempo postergando.
● Hoy tuve un día difícil y aun así seguí.
Escribir estos pequeños logros puede ayudarte a cambiar el foco de:
Todo lo que me falta
hacia:
Todo lo que estoy construyendo.

Aprende a disfrutar de tu propia compañía
El amor propio también significa construir una vida que disfrutes incluso cuando estás sola.
No necesitas esperar a tener pareja para salir.
No necesitas esperar a que alguien te acompañe para hacer algo que quieres.
● Puedes tomar un café contigo.
● Salir a caminar.
● Ir a bailar.
● Leer.
● Viajar.
● Conocer un lugar nuevo.
● Hacer algo creativo.
● Escuchar música.
● Estar en silencio.
● Estar sola no significa estar incompleta.
Tu relación contigo también merece experiencias bonitas.

No confundas amor propio con aislamiento
Elegirte no significa que no necesites a nadie.
Somos seres humanos y necesitamos conexión, afecto y apoyo.
Pedir ayuda no te hace débil.
Ir a terapia no significa que hayas fracasado.
Apoyarte en alguien cuando estás pasando por algo difícil tampoco significa que no tengas amor propio.
De hecho, reconocer:
No puedo con esto sola y necesito apoyo puede ser una expresión muy sana de autocuidado.

Una práctica sencilla para empezar hoy
Te propongo algo.
Busca cinco minutos de tranquilidad y responde estas preguntas:
1. ¿Qué estoy necesitando actualmente?
No lo que debería necesitar.
Lo que realmente necesitas.
2. ¿Qué estoy tolerando que me está haciendo daño?
Puede ser una relación, un hábito, una exigencia o incluso la forma en que te hablas.
3. ¿Qué estoy haciendo bien y casi nunca reconozco?
Sé específica.
4. ¿Qué límite necesito poner?
Piensa en uno concreto.
5. ¿Qué pequeña acción puedo hacer hoy para cuidarme?
No tiene que ser algo grande.
Elige una y hazla.
Porque el amor propio no se construye solamente pensando diferente.
También se construye actuando de acuerdo con lo que necesitas.

Un ejercicio para cambiar la forma en que te ves
Durante los próximos siete días, antes de dormir, escribe tres cosas:
Algo que hice bien hoy.
Algo que sentí y pude reconocer.
Algo que hice por mí.
No importa si parecen pequeñas.
Con el tiempo empezarás a entrenar tu atención para reconocer que también existen recursos, avances y cualidades en ti.

¿Y si todavía no me siento suficiente?
Quizás esta sea una de las heridas más profundas.
Sentir que tienes que conseguir algo para finalmente poder decir:
● Ahora sí soy suficiente.
● Cuando tenga pareja.
● Cuando baje de peso.
● Cuando gane más dinero.
● Cuando consiga ese trabajo.
● Cuando tenga éxito.
● Cuando me vea mejor.
● Cuando alguien me elija.
Pero siempre aparece una nueva condición.
El amor propio comienza cuando cuestionas esa lógica.
Tu crecimiento no debería ser el precio que pagas para merecer amor.
Puedes querer crecer y, al mismo tiempo, aceptar dónde estás hoy.
Puedes querer cambiar algo de ti sin odiar quién eres actualmente.
Eso es muy diferente.

El amor propio también implica responsabilizarte de ti
● Quererte no significa justificar todo lo que haces.
● También significa reconocer cuando te equivocas.
● Pedir perdón.
● Cambiar comportamientos.
● Aprender.
● Buscar ayuda.
● Hacerte responsable de tus decisiones.
El amor propio no dice:
Yo soy así y todos tienen que aceptarme.
Dice:
Me respeto lo suficiente como para reconocer lo que necesito transformar.

¿Cuándo puede ser importante buscar apoyo?
A veces trabajar en amor propio por nuestra cuenta puede no ser suficiente.
Si constantemente sientes que no vales nada, tienes una autocrítica muy intensa, atraviesas ansiedad o tristeza persistente, tienes dificultades importantes en tus relaciones o sientes que no puedes salir de determinados patrones, buscar apoyo profesional puede ser una buena decisión.
No tienes que esperar a estar al límite para pedir ayuda.
La terapia también puede ser un espacio para conocerte, comprender tus patrones y construir una relación diferente contigo.
Para recordar
El amor propio no aparece de repente.
No despiertas un día sintiéndote completamente segura, sin miedo y sin inseguridades.
Se construye.
Cada vez que te escuchas.
Cada vez que pones un límite.
Cada vez que descansas sin sentir culpa.
Cada vez que dejas de compararte.
Cada vez que te hablas con un poco más de compasión.
Cada vez que eliges una relación que te hace bien.
Cada vez que reconoces tus logros.
Cada vez que pides ayuda.
Y también cada vez que te equivocas y decides no abandonarte por eso.
Quizás no necesitas convertirte en una versión completamente diferente de ti.
Quizás necesitas empezar a conocer, escuchar y cuidar a la mujer que ya eres.
El amor propio no consiste en sentir que eres suficiente todos los días.
Consiste en aprender a no abandonarte incluso en los días en los que no te sientes así.

Empieza por algo pequeño
Hoy no intentes cambiar toda tu vida.
Pregúntate solamente:
¿Qué puedo hacer hoy para tratarme un poco mejor?
Y después hazlo.
- Puede ser descansar.
- Decir que no.
- Salir a caminar.
- Dejar de revisar las redes de alguien.
- Comer con tranquilidad.
- Pedir ayuda.
- Hablarte con menos dureza.
O simplemente darte permiso para parar.
Una relación más amorosa contigo también se construye así: una decisión a la vez.
Una última pregunta para ti
Si hoy empezaras a tratarte como tratarías a alguien que realmente amas, ¿qué cambiarías primero?
No tienes que responderle a nadie.
Pero quizá valga la pena escucharte.
Sarah Luz
Mente · Cuerpo · Espacio


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